PATRIMONIO, TURISMO Y SOSTENIBILIDAD SOCIAL.

Ponencia presentada por:
Ciro Caraballo Perichi
Consultor de la UNESCO en Turismo,
Patrimonio y Comunidad, Lima Perú.

PATRIMONIO, TURISMO Y SOSTENIBILIDAD SOCIAL.
UN PROBLEMA DE ADECUADO EQUILIBRIO.
Tercer Encuentro Internacional de Patrimonio, Desarrollo y Turismo.
Ciudades Pequeñas Patrimonio Grande.
Ciudad Juárez, Chihuahua, México. 
2, 3, 4 de octubre 2003.

1.- Patrimonio y desarrollo sostenible.
Cuatro décadas ha pasado desde la promulgación de la “Carta de Venecia” hasta nuestros días. Un documento que estableció líneas de ética y técnica con alcance internacional, y que orientó las acciones que sobre el patrimonio material se adelantaron en los últimos años. Este documento hacía énfasis en el valor del bien como “monumento”, contenedor de valores artísticos e históricos únicos, lo que le atribuía carácter de “excepcional” y diferente ante otros elementos culturales de una comunidad, región o país. En Latinoamérica estos bienes culturales fueron incorporados a la lista de los sitios protegidos por ley en los distintos países e incorporados a programas de cultura primero y, posteriormente, trasferidos a los inventarios de atractivos turísticos. En casi todos los países de la región la responsabilidad por la conservación de estos bienes corresponde por a los gobiernos centrales o municipales, sin que unos ni otros tengan los recursos que pudieran permitir atender los requerimientos de conservación de un número cada vez más creciente de bienes declarados de valor patrimonial. Para completar el cuadro hay que añadir que muchos de ellos siguen siendo propiedad privada, por lo cual el Estado está incapacitado a invertir en su conservación.
Este nublado panorama se ensombrece aun más si acotamos que la mayor parte de los países de Latinoamérica está dentro del rango donde el nivel de pobreza supera el 50% de la población, es decir ciudadanos que sobreviven con menos de 2 US.$ por día, siendo 2/3 partes de los mismos son menores de 15 años. Dentro de esta perspectiva toda acción destinada a la preservación, valoración y uso social sostenible, incluido aquí el turismo responsable, debe insertarse dentro de este marco referencial.
Se impone entonces una visión más holística e interdisciplinaria del bien patrimonial y su responsabilidad social, abriendo nuevos espacios para miradas locales y multiculturales de dicha herencia.  En nuestros países se impone el criterio del “uso social y patrimonialmente sostenible del bien cultural”, dejando de lado la tesis tradicional del edificio convertido en “digno museo” o “centro cultural”. En buena parte de los casos la lectura de los valores inmateriales que acompañan la edificación o el sitio pueden ser tan significativas, cuando no más importante, que los valores reflejados en la materialidad del bien. Es decir la “lectura local” privaría como discurso diario de valoración y conservación, por encima de la “lectura académica” del bien. La preservación a largo plazo del sitio dependerá en última instancia de la valoración que la comunidad haga del mismo, y de la continua activación de los valores intangibles comunitarios
referidos al bien, con el fin de asegurar su conservación.
          
Esta posición más realista ante la valoración y comprensión de la cultura de los pueblos y comunidades, lleva a considerar la cultura no como un objeto estático, transferido, indiscutible, sino como un patrimonio evolutivo que contienen y refiere los valores, así como los conocimientos teóricos y prácticos que estructuran la identidad de la comunidad. Vehículo que transmite la energía y las ideas creativas, gracias a las cuales la gente puede enriquecerse, y renovar su identidad al entrar en contacto con otras culturas. Dentro de los objetivos de las Naciones Unidas, tal como fue ratificado en la

Asamblea General del 2002[1], la valorización y promoción de la diversidad cultural existente en los países en general, y en los países en desarrollo en particular, está considerada como uno de los factores fundamentales que permitirá generar procesos de identidad, autoestima a tiempo que auspiciar procesos de desarrollo sostenible. Es así como, proveniente de las disciplinas de la naturaleza el concepto de desarrollo sostenible se incorpora a las ciudades y poblados, dentro de los cuales el patrimonio natural y cultural comienza a ser visto no sólo como materia prima para la producción económica, o como un dato más en la lista de “atractivos turísticos”, sino como reservorio de valor, de capital, de imagen, que pueden aportar nuevas propuestas sociales y económicas de cara al futuro.
Dentro de estos criterios se enmarcan los nuevos proyectos que buscan desarrollar propuestas turísticas responsables y sostenibles, de forma participativa con aquellas comunidades en situación de pobreza crítica que conviven con valores patrimoniales excepcionales.

2.- Turismo en pequeñas comunidades. Oportunidad y riesgo.
La lucha contra la pobreza a nivel mundial mundo es la única herramienta que permitirá, a largo plazo, obtener un ambiente de paz en el plano interno de los países y del planeta como unidad. La defensa de un clima de paz comienza en las propias mentes de los hombres y mujeres, a quienes se les debe infundir esperanzas en el porvenir, especialmente orientado este a oportunidades de cambio para las generaciones futuras. El patrimonio en este contexto debe ser valorado desde la colectividad como referentes que refuercen la autoestima, la pertenencia, el orgullo local. De igual forma es necesario promover nuevas miradas a estos espacios, actividades y lugares contenedores de cultura que puedan dar lugar a una mejor calidad de vida, acompañados de programas económicos sostenibles de artesanías y turismo responsable, entre otros. Son estas las únicas razones que pueden servir de argumento en pro de la conservación de los bienes patrimoniales dentro de comunidades en estado de pobreza crítica, y hacia allá deben ser orientados los programas de turismo responsable y desarrollo.
El turismo es el nuevo dorado de los economistas. En todos los planes de desarrollo de la región, tanto nacionales como municipales, así como en los proyectos de las instituciones financieras internacionales, el turismo aparece como la panacea contemporánea para la generación de riqueza. El turismo sirve, directa o indirectamente, de justificación a cientos de proyectos de desarrollo, se traten estos de represas, siembras de granos, canalización de ríos, nuevas carreteras, escuelas o campañas antimaláricas. El sostenido incremento del turismo en los últimos años y el crecimiento de su aporte al producto territorial bruto de los países de la región, pasando en muchos casos a ser el primer renglón productivo como en el caso de Costa Rica o República Dominicana, permite poner las apuestas en ese juego sin mucha duda. Sin embargo en cuanto resultados no todas han sido buenas noticias, por lo que antes de aconsejar a una comunidad a poner todos sus esfuerzos en el desarrollo de condiciones para convertirse en destino turístico debemos reflexionar sobre las últimas situaciones en este renglón económico.
El turismo mantuvo durante 2002 su tasa de crecimiento en un aceptable 3,1 %[2] a pesar de los más negros pronósticos por los negativos efectos del terrorismo y los conflictos de Medio Oriente, alcanzando la cifra de 715 millones de viajeros. Sin embargo debe prestarse atención al aviso lanzado por las estrepitosas caídas de destinos consolidados como Egipto, o Indonesia, o Hong Kong por la crisis del SARS en el 2003, los que nos pone en alerta lo frágil que puede ser el sistema, o al menos de la estabilidad de destinos de riesgo, real o virtual. La pobreza extrema en Latinoamérica puede poner en riesgo en poco tiempo procesos de desarrollo de nuevos productos turísticos que han tardado años en consolidarse. Huelgas, narcoguerrilla, secuestros al paso, violencia urbana, epidemias de dengue o brotes de tuberculosis, son noticias reseñadas recurrentemente en la prensa regional. A ello se les unen los nuevos riesgos de atentados institucionales o personales a ciudadanos provenientes de Estados Unidos o Inglaterra, los cuales actúan como referentes indirectos y fáciles blancos del terrorismo como respuesta pública ante los enfrentamientos militares y políticos que mantienen sus países. Esa situación hace que a pesar de su inmenso potencial, América del Sur es una de las regiones con más pobre desempeño en el crecimiento turístico en los últimos años, incluso con una caída del 7% en el número de visitantes en el 2002[3]. La otra noticia es que la mayor parte de los viajeros provienen de países de la misma región lo que, por una parte, le da una mayor fortaleza a los destinos ante situaciones de inestabilidad externa, pero por otra le abre espacios de riesgos permanentes ante procesos de inestabilidad económica, devaluaciones y controles cambiarios. Más allá de la coyuntural e inestable situación internacional, que podría convertirse en crónica en algunos países o regiones, tenemos que la realidad en la región muestra relativamente pocos casos exitosos de una relación sana del turismo desarrollado en zonas de ecología frágil, o con culturas locales sensibles, rurales e indígenas. La tendencia de muchas empresas operadoras, especialmente europeas en desarrollar procesos de “Certificación de destinos sostenibles”, así como el desarrollo del concepto de turismo responsable, parecieran ser las vías para asegurarse la multiplicación de estos ejemplos en los próximos años.
En la práctica es necesario desarrollar cada vez más proyectos transdisciplinarios y participativos,  entendiendo por participación no solo la contribución de los beneficiarios a la preparación ó ejecución de los proyectos, sino la aceptación e incorporación de sus patrones culturales en el producto turístico, así como la formalización y transparencia de los derechos y las responsabilidades. La participación permite aprovechar recursos existentes en cuanto inspiración, creatividad y motivación, a tiempo que permite estimular el aprendizaje y aprovechar los canales de comunicación existentes. Esta participación facilitará el desarrollo de proyectos con equidad social, asegurando la  identificación, activación y conservación adecuada de los bienes patrimoniales puestos por la comunidad como capital de desarrollo. El proyecto deberá garantizar opciones de generación de recursos económicos que faciliten la preservación de las culturas y las sanas relaciones sociales y no sólo la generación de empleos a corto plazo.
Un proyecto de desarrollo de turismo sostenible debe generar la movilización de los distintos actores sociales involucrados, asegurando un entorno de aceptación y aprendizaje. Por supuesto mientras más abierto, flexible y participativo sea un proyecto, se requerirá de procesos más continuos de seguimiento y evaluación, que permitan una eficaz retroalimentación. No puede haber declaratorias de conservación de bienes naturales o patrimoniales en entorno de pobreza crítica si estos no vienen acompañados de procesos de activación y mejora de las condiciones de la comunidad. El turismo puede ser un importante aliado, pero nunca lo que justifique los procesos de, natural o cultural rescate y puesta en valor del bien patrimonial. Es uno más de los socios, más no aquel que dicta por sí solo pautas de planificación.

3.- La Tolita y San Francisco de Maras. Dos experiencias piloto en  Sudamérica.
La UNESCO tiene una larga experiencia en procesos de valoración, conservación y restauración del patrimonio material, los cuales tienen como referencia clásica el rescate de los templos de Abu Simbel en la década de los sesenta, así como la Lista del Patrimonio Mundial, hoy en crisis de éxito al sobrepasar la barrera de los setecientos setenta sitios declarados, muchos aún sin efectivos planes maestros, programas de gestión o de participación comunitaria dentro de procesos de manejo sostenible. Con el auxilio del programa de Ciencias Sociales de la UNESCO, cuya oficina para América Latina tiene sede en Ciudad de México, se ha comenzado una serie de ensayos de gestión con participación de algunas de las oficinas de representación de la UNESCO, orientadas a desarrollar acciones de apropiación patrimonial con participación comunitaria, tendientes a un adecuado uso social del patrimonio, en forma paralela a las acciones técnicas de conservación.  A las acciones piloto de sostenibilidad social del Centro Histórico de Quito, realizados entre 1998 y el 2000, se suman otras experiencias de gestión participativa en Ecuador y Perú, entre los que se seleccionaron los casos de La Tolita en la costa ecuatoriana y San Francisco de Maras en la sierra sur del Perú, como ensayo de desarrollo de programas de turismo responsable como parte de un proceso integral de valoración patrimonial y desarrollo comunitario.

La Tolita: Oro, droga y manglares en la costa Ecuatoriana.
En la costa norte ecuatoriana, casi en la desembocadura del río Santiago, aparece una serie de islotes de baja elevación y cubiertos por manglares conformando el tropical paisaje. Una de ellas, llamada “la Tolita”[4] por la presencia varias de plataformas artificiales de tierra, sirvió de centro religioso, de producción artesanal de cerámica, piezas de oro y platino hacia el 500 AC. La región es colindante con la frontera sur de Colombia y se encuentra sujeta a procesos de tráfico de estupefacientes, desplazados y explotación ilegal del mangle. Esta última actividad no sólo afecta la riqueza de peces del estuario, al perderse los espacios de reproducción y crecimiento, sino también deja a los suelos bajos sin protección ante el flujo y reflujo de las mareas. Las islas desaparecen una a una, barridas por las crecientes del rió. Debido a la falta de medios de comunicación y producción, el pueblo de La Tolita - Pampa de Oro ha estado expuesto al abandono y a la pobreza, situación ésta que llevó a sus habitantes a la tala del mangle, o al huaquerismo como medio de vida. De las 60 tolas que existieron en la Isla quedan menos de 10. Encontrar piezas arqueológicas y venderlas a los traficantes de frontera se convirtió en la única entrada de dinero para un pueblo que no tenía esperanza alguna de desarrollo. La población es fundamentalmente afro ecuatoriana y para ella la tradición prehispánica poco dice a sus raíces o valores como comunidad. La isla donde por vez en América se trabajó el platino combinado con oro, así como el lugar del planeta donde se encuentran los manglares más altos del mundo -más de sesenta metros de altura- estaba en proceso de perderse para siempre.
La población de La Tolita, con aproximadamente  400 habitantes, presenta al igual que la mayor parte de poblaciones de la zona un alto nivel de pobreza, con consecuencias directas en los niveles de salud, especialmente mal nutrición a temprana edad. Exceptuando la escuela no hay sistema de disposición de aguas servidas, mientras que la mayoría de la población consume directamente agua del río. Se han presentado casos esporádicos de paludismo con focos endémicos locales, así como un número significativo de enfermedades circulatorias en adultos mayores. Un 60% de la población no culmina sus estudios primarios.
En los últimos  veinte años distintas instituciones y organizaciones no gubernamentales han propuesto y adelantado algunos proyectos orientados al rescate patrimonial y turismo /o al mejoramiento de la comunidad de La Tolita, bien como proyectos específicos para el desarrollo de dicho recinto, bien como programas de carácter nacional o regional, con aplicaciones específicas en La Tolita. En términos generales podemos apuntar que todos estos programas han tenido poco impacto si observamos la situación del núcleo poblacional y de los bienes culturales, independientemente de su orientación, de los recursos invertidos, o de las metodologías aplicadas. En la mayor parte de los casos la comunidad indica que su fracaso se debe a la no-continuidad de los programas, así como al desfase que se produce en los cronogramas establecidos para los aportes y la asistencia técnica.
El patrimonio arqueológico, uno de los componentes por los cuales es reconocida La Tolita en el ámbito nacional e internacional, se haya gravemente afectado por los procesos de extracción no organizada. Escasamente quedan tres o cuatro tolas que pudieran albergar proyectos arqueológicos globales. En el resto del área sólo cabe acciones de arqueología de rescate. En cuanto a patrimonio intangible cabe destacar la culinaria local, con una importante tradición en cuanto al pescado salado y los platos sobre la base de mariscos y crustáceos, productos que comienzan a escasear con la pérdida de los manglares. En los últimos años se observa un importante renacimiento de la música, canto y bailes asociados a la Marimba, rescate cultural que actúa como instrumento de autoestima en las comunidades negras.
El proyecto se elaboró a lo largo de un mes de trabajo de campo, con amplia participación comunitaria y de las autoridades locales, prefectura y municipio. Se buscó coordinar en un programa unitario de mejora de calidad de vida los distintos programas de salud, educación, vivienda e infraestructura que el Estado e instituciones privadas tienen en la región, con un tiempo de desarrollo estimado en cuatro años, con acciones por etapas y progresivas. Se estructuraron en tres componentes básicos: programas de mejoramiento del hábitat; de desarrollo sostenible, y de apropiación, valoración y protección patrimonial. El turismo es un componente transversal a todas ellas, siendo una más de las posibilidades de desarrollo económico previstas, evitando con ello poner todos los huevos en una misma canasta. Entre las acciones contenidas en el proyecto están las siguientes.

a.- Mejoramiento del hábitat y las condiciones de vida:
                        .- Malecón fluvial para protección de la población.
                        .- Muelle de acceso, con facilidades para visitantes.
.- Nuevas viviendas para sustituir aquellas que deberán ser desplazadas por mejoramiento de la población y para sustituir aquellas en situación irrecuperable.
.- Programa general de mejoramiento y rehabilitación de viviendas.
.- Ampliación del pozo de agua; filtros y tuberías a pilas colectivas.
.- Dotación del dispensario de condiciones mínimas de habitabilidad, mobiliario y personal.

b.- Desarrollo comunitario sostenible:
            .- Capacitación comunitaria orientada al desarrollo sostenible.
.-Talleres para resolución de conflictos y organización comunitaria.
.- Capacitación empresarial para el manejo de pequeñas y medianas empresas.
(Construcción; transporte fluvial; pesca; acuacultura; apicultura; cultivos de consumo; transformación de productos agrícolas (coco, cacao); ecoturismo receptivo).
.- Capital básico e infraestructura mínima para el desarrollo de las microempresas.
.- Espacios educativos para la comunidad. (Posible ampliación de la escuela).
.- Unidad de atención turística.
.- Circuito de reproducción y manejo de fauna autóctona. (Iguanas, lagartos de agua).
.- Seguimiento, evaluación  y capacitación complementaria a lo largo del proyecto.

c.- Desarrollo cultural y valorización patrimonial:
.- Programa de investigación arqueológica continúa a lo largo de la vida del proyecto.
.- Desarrollo del taller de cerámica. Taller de trabajo artesanal en madera y hueso.
.- Museo integral: patrimonio natural, arqueológico e intangible. Escuela de Marimba; taller de elaboración  de instrumentos tradicionales.

.- Inventario y registro (imagen, sonido, entrevistas) de las distintas manifestaciones étnicas de la región.
.- Talleres de desarrollo de expresión plástica con el manejo de materiales alternativos (Cáñamo, papiro, papel artesanal; pigmentos naturales).
.- Publicaciones de documentos técnicos; libros y material escolar, relacionado con la riqueza patrimonial de la zona.
.- Capacitación de docentes para la valorización, transmisión y conservación de la herencia patrimonial integral de la región.

.- Potencialidades del Proyecto:
Es importante pensar que el contexto del proyecto rebasa la población de La Tolita, pudiendo tener un impacto significativo en la situación sectorial, al demostrar la posibilidad real de implantar proyectos comunitarios de desarrollo sustentables en el sector. En este sentido el Proyecto de Desarrollo Integral de La Tolita debe, desde su inicio, servir de iniciativa para la transformación de las comunidades circundantes, especialmente en los componentes de capacitación, educación patrimonial a escala de instrucción básica; fomento de la marimba como herencia común de los poblados de la región; atención sanitaria. Igualmente el proyecto debe contemplar algunos recursos para el mejoramiento de los muelles de dichas poblaciones y el transporte fluvial, a fin de facilitar la circulación de pasajeros y visitantes. Este proyecto puede servir de disparador del mejoramiento de la calidad de vida del sector, conjuntamente con otros proyectos que están siendo planteados para la parte alta del río Santiago.

.- San Francisco de Maras: Un territorio fértil a los experimentos.
El pueblo de San Francisco de Maras está ubicado a 3,300 m.s.n.m. en una terraza de alta fertilidad, unos 40 minutos del Cusco por carretera asfaltada. Conocida desde tiempos pre-incaicos por sus salinas y su alta productividad agrícola, el valle de Maras tiene como fondo el paisaje está la cordillera de Urubamba con las cumbres Nevadas del “Waqay Willqe, con alturas que superan los 5.600 mts. El origen de los primeros pobladores de Maras, está ligado al mito incaico de los hermanos Ayar, mientras que su desarrollo hispano se establece el año de 1556 al ser entregado el valle como dote del mayorazgo del Inca Sayri Tupac a su hija Beatriz Clara Coya, casada con el español Don Martín García Oñez de Loyola, Caballero de la Orden de Calatrava, sobrino del mismísimo San Ignacio. Sumado a la riqueza paisajística, a las ruinas incaicas, y a los tres templos coloniales con bienes muebles de excepcional calidad, una característica particular de las casas de este poblado es la utilización de las portadas de piedra, cuya tradición comenzó en el siglo XVI y continuó hasta el siglo XX. Elementos pétreos ornamentados con escudos, inscripciones y simbología cristiana orientada al propósito de  evangelización  y  extirpación de idolatrías.
Asentado en tan rica tierra -donde los incas establecieron un centro de adaptación de plantas, el sitio de Moray- con tan rico patrimonio material, así como larga y diversificada alcurnia, el poblado de Maras debería ser hoy algo más que un conjunto de casas ruinosas, en las que sobrevive una población de unos 4.000 habitantes, buena parte de ellos de quechua hablantes, sumidos en uno de los procesos de pobreza crítica más marcados de la sierra peruana.
Una población con limitado tendido eléctrico, sin agua potable, donde la mayor parte de los jóvenes emigran a los poblados cercanos, en la cual la producción artesanal se ha perdido por completo y en la cual a los niños les avergonzaba hablar quechua en público.
El Proyecto de Maras se enmarca dentro de un programa integral auspiciado por la oficina de UNESCO –Lima y el Instituto Nacional de Cultura del Perú, orientado a programas de desarrollo y manejo sustentable de sitios con valor patrimonial en zonas de pobreza crítica. Busca generar proyectos de desarrollo económico sostenible, a través de la apropiación, rescate y valoración del patrimonio y la cultura local, abordando la capacitación, la creación de trabajos temporales y empleos permanentes, relacionados con la valoración, conservación y uso sostenible del bien patrimonial, apuntalados por un proceso de desarrollo personal y colectivo de autoestima. Especial atención se prestará a los programas educativos con niños, con acciones que permitan establecer canales de comunicación entre las nuevas generaciones y los adultos mayores de la comunidad.
 El programa propone como requisito la participación de socios institucionales y privados locales, asegurando de esta manera la sostenibilidad del programa.
El programa se presenta como una propuesta abierta, que señala rumbos y establece principios, pero cuyos componentes deberán ser definidos con participación de la comunidad y los socios locales en función de los recursos, las prioridades y las dinámicas culturales propias. Se busca en todo caso la mayor integralidad posible de los componentes a desarrollar. Entre los componentes propuestos están:

a.      Educación y patrimonio local: Busca incorporar el tema de la conservación y el desarrollo sostenible conjuntamente con la valoración del patrimonio local y regional, a lo largo del proceso regular de educación formal, haciendo énfasis la autoestima y la creatividad. Se exploran diversas estrategias, que no necesariamente impliquen la modificación de los programas oficiales actualmente vigentes, desarrollando materiales docentes y talleres bilingües de capacitación, que permitan a los maestros la incorporación del tema del patrimonio en sus dinámicas pedagógicas. Entre otras acciones ha permitido la integración de la población infantil con los valores patrimoniales a través de la creación de talleres de dibujo, títeres, danzas y coros, que hoy representan a Maras en los eventos culturales de poblados cercanos. Igualmente el programa radial “La memoria de mi pueblo”, programa con la participación de los pobladores de la tercera edad que ha permitido rehacer rituales, canciones, técnicas de producción y festejos casi perdidos.

Conservación preventiva del patrimonio: Busca incorporar a los distintos actores sociales en acciones destinadas a apoyar la conservación preventiva de los bienes patrimoniales. Entre las estrategias a utilizar están Participación de los grupos organizados en labores de pre-inventario de bienes patrimoniales; Talleres de participación comunal en la elaboración y seguimiento de planes de manejo comunitario; y acciones de recuperación de la imagen urbana y la calidad de los caminos de acceso a los sitios de interés. Este componente tiene como propuesta la realización de talleres de transferencia de tecnología tradicional, incluyendo la mejora de las técnicas de construcción tradicionales.

Capacitación y Generación de Riqueza:
Busca identificar oportunidades para la organización de microempresas productivas y de servicio relacionadas con el patrimonio de forma sustentable

Entre las acciones previstas están: Identificar mercados alternos para productos tradicionales; Identificar, organizar e impartir talleres de mejoramiento de productos o componentes con valor cultural; Diseñar, organizar y promover la generación de productos turísticos sostenibles; Capacitar a la población para ofrecer servicios y dar respuesta adecuada al  turismo receptivo y organizar micro-empresas de servicios que sean competitivas y atiendan demandas regionales.
        El proyecto Maras lleva dos años de ejecución. Se prevé un tercer año de actividades con el fin de consolidar los organismos locales de gestión, así como consolidar los acuerdos con empresas de turismo y comercialización del Cusco. Se han rescatado técnicas productivas y capacitadas para la elaboración de nuevos productos artesanales y empaques de productos tradicionales. La imagen del programa ha permitido traer al poblado programas estatales como el “programa a trabajar rural”, con el cual se ha iniciado la instalación de cloacas y empedrado de calles. El proyecto de acueducto, paralizado por más de 10 años ha sido reactivado. Por su parte la Iglesia se ha incorporado a los programas de desarrollo y turismo local, acelerando los procesos de inventario de bienes y poniendo a disposición de los talleres de producción una propiedad para  la tienda artesanal y algunos talleres. Buena parte de los productos son comercializados hoy por los orgullosos habitantes de Maras en ferias locales y al turismo.
     
[1] Naciones Unidas. Asamblea General. Doc. Feb-2003-08-22
“Sensibilicen a la opinión pública respecto al valor y la importancia de la diversidad cultural y, en especial, promuevan, mediante la educación y los medios de difusión, la toma de conciencia acerca del valor positivo que tiene la diversidad cultural...”
“Alienta a la UNESCO a que continúe su labor de promoción de una mayor conciencia en la relación fundamental entre cultura y desarrollo y el importante papel que desempeñan las tecnologías de la información y las comunicaciones en esta relación”.
[2] .- OMT. 2003.
[3] .- OMT. 2003.

[4] En Ecuador se llama “tola” a las plataformas artificiales para la ubicación de estructuras construidas. Común en la costa de ese país sirvieron también como sitio de enterramientos prehispánicos.

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